En la web se encuentran maravillas y horrores por igual. Es deseable, por supuesto, compartir más de aquellas que de éstas, en aras de fomentar un espíritu positivo. No siempre es posible –el peso de la realidad, como podemos leer o escuchar o ver diariamente en periódicos o noticiarios o en las calles, está latente- pero vale la pena intentarlo todos los días. Sin duda.
En mis viajes por el ciberespacio, largas horas entre bits y pixeles, entre sitios, blogs, noticieros, revistas, webs empresariales, comerciales, de entretenimiento, de política, especializados, generales, entre portales de todo tipo y color, entre textos largos, cortos, medianos, con hipervínculos, entre lecturas sosas, brillantes, bobas, divertidas, tendenciosas, alarmantes, reflexivas, entre imágenes impactantes, conmovedoras, alentadoras, excitantes, entre sonidos y secuencias inspiradoras –alimento básico del alma-, entre conocidos, no tanto y extraños, entre mexicanos y entre gente –virtual, por supuesto- de todo el mundo, he visto, leído, escuchado, mirado, gozado, sufrido mil y una veces.
Pero esta actividad me provoca cosquillas de otra índole. Sí, como el chismoso, no puedo evitar la tentación de contar lo que sé. Si bien es casi una adicción estar conectado, saltando de link en link, picando aquí, clickleando allá, es casi igual de poderosa la tentación de compartir todo eso con mi gente, que en estos tiempos 2.0, de redes sociales, suman un buen.
No sé si será amor, adicción u obsesión pero se acerca. Esta actitud, esa aptitud de rascarle a la red mundial con profusión, es la que quiero transmitir cada vez que encuentro algo que vale la pena y lo paso por la web, a través del ciberespacio. Sobran las herramientas para ello. Tendrán noticias en este sentido pronto.
Mientras tanto, para aterrizar en el tema que compete a este blog, quiero compartir esta reflexión, acerca de una nueva frontera abierta por la red mundial:
“Tradicionalmente, las empresas no tienen la cultura de diálogo y conversación y de voz personal con sus públicos y clientes. Esto supone un cambio de cultura fundamental para las empresas que asumen esta nueva plataforma de comunicación. Supone también un cambio de lenguaje. El lenguaje del marketing no sirve para escribir un blog de empresa”
José Luis Orihuela, destacado bloguer y autor de ecuaderno.com
CIta publicada en Excélsior, 21 de agosto de 2006


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